Asier Villalibre ha alcanzado un hito que muy pocos futbolistas consiguen: 200 partidos como profesional entre Primera y Segunda División
Asier Villalibre ha alcanzado los 200 partidos en el fútbol profesional español, repartidos entre Primera y Segunda División, pero el hito llega con más resignación que celebración. A sus 27 años, el delantero del Deportivo Alavés sigue siendo una promesa que no terminó de explotar. Su carrera, marcada por constantes cesiones y segundas oportunidades, ha estado lejos de la regularidad que necesita un goleador para consolidarse.
Formado en Lezama, debutó en la 2015-16 con el Bilbao Athletic en Segunda y de inmediato se vislumbraba como un atacante potente y con olfato. Sin embargo, sus primeros pasos en el fútbol profesional, entre Numancia, Valladolid y Lorca, no le ofrecieron la continuidad necesaria. Incluso en su primera etapa en el primer equipo del Athletic Club, con 78 partidos, nunca fue más que una solución de emergencia.

En el Alavés ha encontrado minutos, pero no el protagonismo de un líder ofensivo
Desde su llegada al Alavés en 2022, Villalibre ha ganado peso en el equipo, pero su impacto sigue siendo limitado. En su primer tramo como albiazul dejó buenas sensaciones con seis goles en 20 partidos, incluido el penalti del ascenso. Pero su regreso a Vitoria tras un nuevo paso por Bilbao no ha traído la versión decisiva que el club esperaba. En lo que va de campaña, 2024-25, acumula 15 apariciones sin destacar como el nueve que necesita el equipo.
Su rendimiento actual refleja una carrera marcada por la movilidad más que por la consolidación. Con 12 goles en LaLiga, nueve en Segunda y 11 en Copa del Rey, sus números son más propios de un delantero de rotación que de un referente. En la plantilla de Luis García Plaza, su rol es cada vez más secundario, y aunque su esfuerzo es intachable, las dudas sobre su techo futbolístico se hacen cada vez más evidentes.
El tiempo juega en su contra mientras sigue buscando su sitio definitivo
Villalibre representa a ese tipo de futbolista que parece quedarse siempre a medio camino, ni canterano estrella ni veterano determinante. Su perfil encaja con el de un jugador comprometido, útil en contextos muy concretos, pero sin la regularidad ni el instinto goleador que exigen los clubes de Primera División. A sus espaldas quedan ya cinco equipos distintos, pero en ninguno ha logrado afianzarse con plena autoridad.
Con el paso de las temporadas, su figura se ha ido transformando en la de un delantero de rotación, más valioso por su entrega que por sus cifras. Y en un Alavés que pelea por la permanencia, ese perfil quizá no sea suficiente. La pregunta es clara, ¿tiene aún margen para reinventarse o estamos ante el techo definitivo de su carrera?