La tenista española atraviesa uno de los momentos más duros de su carrera, atrapada en un ciclo de lesiones que no solo afectan su físico, sino que desgastan su fortaleza mental
Justo cuando Paula Badosa parecía recuperar su mejor versión, el cuerpo vuelve a traicionarla. Tras brillar en el Abierto de Australia con una inesperada semifinal, la ilusión ha sido sustituida por la frustración. Una pequeña hernia en la espalda se ha sumado a la vieja fractura por estrés en la vértebra L4, obligándola a bajarse de torneos clave como Indian Wells y Miami. Ahora, con el Mutua Madrid Open en el horizonte, la incógnita sobre su presencia es total.
La catalana explicó que esta nueva molestia le generó un gran susto: “Sentí el dolor en el lado contrario y temí otra fractura. No lo fue, pero sigue siendo difícil de manejar”. Sin opción de pasar por quirófano, Badosa depende de cuidados conservadores y tratamientos paliativos. Su rutina incluye infiltraciones frecuentes hasta siete en los últimos meses que apenas le permiten seguir compitiendo sin comprometer aún más su salud.

Entre la pasión por competir y el precio físico a pagar
Desde 2023, cuando comenzó su calvario con las lesiones de espalda, Badosa no ha podido establecer una continuidad real. La presión del circuito femenino no da margen para descansar lo necesario, y ese desgaste acumulado ha afectado tanto su estado físico como su estabilidad emocional. “Cada vez que intentaba volver, algo me hacía parar. Las recaídas eran peores que el propio dolor”, confesó en El Larguero, dejando ver el lado más humano de una atleta de élite.
El doctor Ricardo Casal Grau, especialista en columna, confirma la complejidad del caso: “El tenis exige movimientos asimétricos, torsiones y esfuerzos imprevistos que castigan mucho la zona lumbar. Eso dificulta que lesiones como la de Paula se curen del todo”. Aun así, ella se aferra a la posibilidad de competir en Madrid, un torneo especial para su carrera y su corazón.
Luchar cuando el cuerpo dice basta
En este 2025 tan incierto para su futuro, Paula Badosa se ha convertido en un ejemplo de resiliencia. Aunque su ranking ya no refleja su verdadero nivel, su compromiso con el tenis se mantiene intacto. “Sigo aquí porque amo este deporte. Por él, lo doy todo. Incluso cuando mi cuerpo no puede más”, aseguró con contundencia.
Su batalla, sin embargo, no es solo física. El desgaste mental, la incertidumbre diaria y el miedo a no volver a estar al 100 % son enemigos invisibles que pesan tanto como una raqueta. Pero Badosa no quiere despedirse aún. Madrid puede ser su punto de inflexión o su próxima batalla perdida. Solo su espalda tiene la última palabra.